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Torrente Presidente: El Cineasta que el Establishment Español Ignora Arrasa en Taquilla con su Sátira más Polémica

Santiago Segura estrena la sexta entrega de la saga con el mejor debut del cine español en 15 años, mientras la crítica se divide, la política se incomoda y la Academia de los Goya sigue mirando hacia otro lado.


MADRID — 15 de marzo de 202

Hay una paradoja que define mejor que cualquier análisis el estado del cine español en 2026: el cineasta que más dinero genera para la industria, el que llena salas cuando nadie más puede, el que lleva casi tres décadas siendo el favorito indiscutible del público, sigue sin tener un Premio Goya en el cajón que refleje esa realidad. Su nombre es Santiago Segura, y este fin de semana volvió a recordarle al mundo establecido del cine español cuánto lo necesita aunque se niegue a reconocerlo.

Torrente, presidente se estrenó el viernes 13 de marzo de 2026 distribiuda por Sony Pictures, con 300,000 espectadores y 2.4 millones de euros recaudados en su primer día. La película acaparó el 78% de toda la taquilla nacional en su jornada de estreno, superando en su primer día a superproducciones internacionales recientes como Vengadores: Endgame, Avatar: La forma del agua, Deadpool & Wolverine o Barbie. Con más de 2.8 millones de euros en su primer fin de semana y cerca de 400,000 entradas vendidas, las cifras no se veían en el cine español desde Lo imposible de Juan Antonio Bayona en 2012.

El secretismo como estrategia y como protesta

Torrente: presidente debutó bajo un hermetismo total: sin pases previos para la prensa, sin imágenes promocionales, sin revelar el reparto hasta el día del estreno. La táctica generó una expectación inusual y motivó una respuesta masiva desde el primer día.

Pero la decisión no fue solo marketing. Fue también un acto de protesta. Segura suspendió los pases de prensa para que los críticos no estuvieran lanzando sus teorías, casi siempre despectivas, antes de que el público pudiera verla. Ningún crítico consideró jamás que fueran maleducadas sus frecuentes reseñas despectivas sobre la saga, donde con frecuencia se confundía a la persona con el personaje.

Cuando un periodista de cine se quejó en redes de no haber recibido su pase, calificándolo de «descortesía sin precedentes», Segura respondió con precisión quirúrgica: prefería que sus fans vieran la película «sin que nadie se la cuente previamente, sin que les destripen cada cameo y les adelanten cada chiste.»

Una sátira que incomoda a todos los lados

La película sigue a José Luis Torrente convencido de que España atraviesa su momento más crítico y que solo él puede salvarla. Tras un enredo tan absurdo como peligroso, termina envuelto en una campaña electoral disparatada, liderando un partido llamado «Nox», rodeado de asesores incompetentes e influencers oportunistas.

La incomodidad política comenzó meses antes del estreno. En agosto de 2025 se filtraron imágenes del rodaje en las que se veía al personaje en un balcón con un cartel que decía «Nox», muy similar al del partido Vox, generando una fuerte polémica tanto entre miembros del partido como en redes sociales. La respuesta de Vox fue indignada. La ironía es que el personaje que supuestamente los representa es precisamente la caricatura del reaccionario más irreflexivo y corrupto del cine español.

La campaña de la propia película se promovió con frases como «Blanqueando el fascismo desde 1998», «La vergüenza del cine español» o «Perpetuando el heteropatriarcado desde 1998», dejando claro que Segura era perfectamente consciente del debate que estaba abriendo.

La crítica cinematográfica, por su parte, tampoco quedó conforme. Algunos analistas señalan que Segura ha convertido, quizá inconscientemente, a su antihéroe en un líder nato, y que sus palabras, por grotescas que sean, podrían sonar en la próxima campaña electoral en boca de dirigentes reales. En palabras de un crítico: «la parodia está totalmente comida por la vida real, y la ironía va a sonar literal y convincente para gran parte del público.»

El profeta sin honor en su propia Academia

Aquí reside la contradicción más llamativa del caso Segura. Se calcula que ha recaudado más de 227 millones de euros para la industria del cine español. A pesar de eso, ha sido ignorado de manera sistemática en los Premios Goya, excepto uno que recibió cuando era debutante. Debutó como director con Torrente, el brazo tonto de la ley en 1998, obteniendo el Goya a mejor director novel en 1999, y desde entonces la Academia prácticamente ha mirado hacia otro lado.

Miembros ilustres del cine nacional han denigrado su trabajo abiertamente. El director Rodrigo Sorogoyen llegó a afirmar que la ausencia de Segura en las nominaciones podría sorprender «si se miran los datos, pero al ver la película a lo mejor no tanto.» Lo más llamativo es que si el cine español sigue sobreviviendo hoy no es gracias a muchas de las películas que ganan el Goya cada año, sino gracias precisamente a las películas de Segura, que siempre están en el top tres de mayor recaudación.

A principios de 2025, Segura arremetió contra la Academia y su sistema de votación, denunciando que las decisiones están influenciadas por favoritismos y que las películas más comerciales son sistemáticamente ignoradas. El propio Segura ha declarado con su habitual ironía que solo espera el Goya de Honor «cuando esté a punto de morirse.»

La situación tiene un paralelo claro en otras industrias: es el equivalente cinematográfico de que los discos más vendidos de la historia nunca ganen un Grammy, o que el escritor más leído de España jamás sea considerado para el Premio Nacional de Literatura. El talento popular, en España como en tantos otros países, sigue siendo tratado como un pariente pobre por las instituciones culturales que en buena medida sobreviven gracias a él.

Un fenómeno intransferible

Hay una razón por la que Torrente no existe fuera de España, y no es falta de calidad técnica. Las cinco entregas de la saga Padre no hay más que uno encabezaron las recaudaciones de 2019, 2020, 2022, 2024 y 2025, confirmando que Segura es el cineasta español que mejor entiende los gustos del público patrio. Pero ese entendimiento profundo del carácter nacional español, esa radiografía sin piedad de la España más castiza, reaccionaria y autodespreciativa, es precisamente lo que hace sus películas intraducibles culturalmente.

Torrente no es un personaje universal. Es radicalmente, obstinadamente español. Y esa autenticidad localista, que es su mayor fortaleza artística, es también la barrera que impide su distribución internacional masiva y que lo convierte en un enigma para los festivales de cine que premian lo que aspira a ser global.

No es que no se pueda entender el mal gusto del humor o la barbaridades que se escuchan en estas películas, sino también el racismo hacia el latinoamericano o el machismo sin censura contra las mujeres y miembros de la comunidad LGBTQ+. Es un fenómeno que solo un español puede comprender instrinsicamente.

Segura siempre ha querido ser Berlanga — el gran Luis García Berlanga, maestro de la sátira social española. Y con Torrente presidente lo intenta más directamente que nunca, buscando hacer una sátira política de altos vuelos que aguante la comparación con La escopeta nacional. Si lo logra o no es objeto de debate. Que lo intenta, con 300,000 espectadores en el primer día y las salas aplaudiendo al final de cada sesión, ya nadie lo puede discutir.

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