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¿Cómo funcionan las maras en El Salvador?

San Salvador, El Salvador (EP) • Con menos de seis millones y medio de habitantes, El Salvador es uno de los países más violentos de América Latina. La principal razón son las pandillas, también conocidas como maras, organizaciones criminales que extorsionan a la población y controlan el territorio del país.

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Imagen de los maras, como se conoce a las peligrosas pandillas de El Salvador

 

En un Estado tan pequeño, sorprende saber que existen entre 30.000 y 60.000 pandilleros o mareros, además de cerca de medio millón de personas vinculadas a la estructura criminal de estos grupos delictivos.

SU ORGANIZACIÓN.

Uno de los principales motivos de su ‘éxito’ y expansión es su organización. En primer lugar, existen dos maras que destacan sobre el resto por su tamaño y poder: la mara ‘Salvatrucha’ y ‘Barrio 18’, que está a su vez dividida en los ‘Sureños’ y los ‘Revolucionarios’.

Para un mayor control sobre el territorio, estas maras se estructuran en ‘clicas’, grupos barriales de entre diez y 60 personas que controlan la actividad criminal en un territorio específico, tal y como explican la directora del Instituto Universitario de Opinión Pública, Jeannette Aguilar, y el especialista en el tema de violencia en Centroamérica José Miguel Cruz al medio costarricense ‘La Nación’.

A pesar de que las ‘clicas’ cuentan con cierto grado de autonomía en su zona o barrio, sus cabecillas tienen a su vez superiores zonales y nacionales.

No obstante, su organización es más bien lineal, llevándose a cabo “juntas de cabecillas” entre ocho y diez miembros. Estos líderes, con mucha frecuencia, se encuentran en la cárcel, desde donde controlan a los mareros del exterior, que son quienes ejecutan las órdenes.

INGRESO EN UNA PANDILLA.

Sobre los componentes de las pandillas, la mayoría son jóvenes que viven en barrios donde las maras controlan prácticamente todo.

Según varios salvadoreños consultados, el principal motivo que les lleva a unirse a estas organizaciones es la falta de una educación y una familia estructurada. Por ello, se podría decir que los pandilleros buscan, en un primer momento, el apoyo y la sensación de pertenencia a un grupo que no tienen en su entorno familiar.

Hasta hace unos años, el único lugar de reclutamiento eran las calles. Sin embargo, con el auge de las nuevas tecnologías, hoy en día también se emplean medios electrónicos, como las redes sociales y los blogs.

RITUAL DE INICIACIÓN.

Sin embargo, el ingreso a una pandilla no resulta sencillo. Todas ellas tienen un ritual de ingreso basado en una paliza. En el caso de la mara ‘Salvatrucha’, los miembros golpean al novato durante 13 segundos, mientras que en la pandilla ‘Barrio 18’, lo hacen durante 18 segundos.

En muchos casos, éste no es el único ritual de iniciación, sino que también deben realizar algún acto criminal (entre los que se incluye el homicidio) para demostrar su fidelidad a la banda.

FINANCIACIÓN BASADA EN LA EXTORSIÓN.

Una vez que una persona está dentro de la mara, se dedica en exclusiva a ella. De esta manera, su principal fuente de ingresos es la extorsión mediante el cobro de ‘rentas’, pagos de dinero a los delincuentes por parte de comerciantes y transportistas, principalmente.

Es tal el grado de control que tienen las pandillas sobre la ciudadanía que incluso los colegios privados y algunas instituciones pagan a estos grupos criminales para garantizar su seguridad.

Asimismo, las maras también son a menudo ‘contratadas’ por estructuras de crimen organizado locales y transnacionales, vinculadas al tráfico de drogas, armas y personas. Con su colaboración, las estructuras utilizan el control que tienen las pandillas sobre diferentes zonas para su beneficio.

GRAN CONTROL SOBRE ZONAS RURALES.

En relación a los territorios con una mayor presencia de estas organizaciones criminales, la problemática se encuentra en pleno auge en las zonas rurales de El Salvador.

El principal motivo que lleva a los pandilleros a trasladarse a estos lugares es la escasa presencia del Gobierno, por lo que logran controlar la región con bastante facilidad.

MEDIDAS DEL GOBIERNO.

Hasta el momento, los esfuerzos por erradicar esta lacra han sido en vano. Mientras que el anterior Gobierno, el del ex presidente Mauricio Funes (2009-2014), trató de negociar con las maras estableciendo una tregua con la que únicamente se pretendía reducir el número de homicidios, el actual presidente, Salvador Sánchez Cerén, ha enfocado esta lucha en la creación de ayudas económicas y mejoras de la educación con el fin de impedir que los más jóvenes se unan a las pandillas.

No obstante, los resultados no serán inmediatos. Este último año, El Salvador ha registrado un repunte en el número de los homicidios, atribuidos en parte a las nuevas políticas del Gobierno. Por tanto, los ciudadanos deberán esperar para ver los posibles efectos positivos del nuevo enfoque de Sánchez Cerén.

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