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PPK nuevo presidente del Perú, ¿y ahora qué?
PPK nuevo presidente del Perú, ¿y ahora qué?

PPK nuevo presidente del Perú, ¿y ahora qué?

Por Diego Bosch Mendoza, investigador del Instituto Universitario de Investigación en Estudios Latinoamericanos (IELAT) de la Universidad de Alcalá (España) e historiador por la misma universidad.

Lima, Perú (NM) –   Finalmente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) salió victorioso de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Perú. Y será el presidente por los próximos cinco años. No obstante, su victoria ha sido por un estrecho margen de 0,24 por ciento del total de los votos, en lo que han sido las elecciones más ajustadas de los últimos veinticinco años en este país. Sin embargo, no ha sido un proyecto de Gobierno o una ideología lo que ha guiado al electorado en sus decisiones, ya que ambos gobernantes tienen propuestas similares y pertenecen a la derecha peruana, por lo que la clave electoral ha estado en asuntos mucho más superficiales y que tienen poca incidencia en los cambios estructurales que el país necesita.

El argumento ‘anti-keiko’, que ha triunfado por muy poco, se basaba en desprestigiar a la candidata por su herencia familiar vinculada al ‘fujimorismo’ o por tener a un hermano con supuestos vínculos con el narcotráfico. En contrapartida, la campaña de desprestigio a PPK se basaba en una serie de puntos que iban desde su vejez hasta el hecho de tener la ciudadanía estadounidense. De esta manera las elecciones presidenciales peruanas se convirtieron en el escenario de la disyuntiva: ‘Fujimorismo’ sí o ‘Fujimorismo’ no. Así tenemos que Verónika Mendoza, tercera en la primera ronda, pidió el voto de su electorado para PPK, con el objetivo de “librar al Perú del ‘fujimorismo'”. De más está decir que esta transferencia de votos fue decisiva. Sin embargo, el ‘fujimorismo’ no existe como ideología o sistema de gobierno y mucho menos es una religión o dogma, tal cual lo ha vendido la oposición a Keiko.

En realidad, el llamado ‘fujimorismo’ hace alusión a un gobierno que, elegido democráticamente en 1990, adoptó rasgos autoritarios y el pragmatismo y oportunismo por bandera, dejando como característica diferencial respecto a gobiernos anteriores las reformas neoliberales que el propio rival de Fujimori en 1990, Mario Vargas Llosa, había dicho que implantaría. Reformas que no fueron exclusivas de Perú, sino que se dieron en distintos países de América Latina, aunque a distinta velocidad, y no podemos por ello llamar ‘fujimoristas’ al resto de gobernantes que como Menem o Cardoso adoptaron el Consenso de Washington, es decir, aceptaron las reformas aperturistas que en el imaginario de las élites políticas latinoamericanas se presentaban como la única alternativa para una región sacudida por la crisis de la deuda.

Por tal razón, la palabra ‘fujimorismo’ siempre ha carecido de contenido político y no tendría aplicación en la actualidad, ya que el autogolpe de 1992 se dio en un contexto de malestar generalizado en el Perú, y sería imposible que Keiko diese un nuevo autogolpe hoy en día, pues el contexto ha cambiado y no se vive en la crisis y el desconcierto de comienzos de los noventa, con terrorismo incesante y malestar socioeconómico. Keiko, que como todo político tiene una orientación pragmática, respondería a la situación actual de manera diferente a la del padre.

De cualquier manera, si analizamos las propuestas de ambos candidatos, vemos similitudes en su apuesta por liberalizar la economía y continuar con el clásico modelo agro exportador, que con distintos matices ha prevalecido en el Perú desde que este país obtuviese su independencia. Es por esto que ganase Keiko o el “gringo” resultaba irrelevante para la estructura del país, ya que parece que los principales beneficiados serán una vez más las multinacionales y dentro del plano doméstico la CONFIEP (Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas).

De hecho, es esta asociación de empresarios peruanos la que lleva beneficiándose de los distintos gobernantes que han desfilado por el Palacio de Gobierno, ya fuese Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Alan García u Ollanta Humala, y la llegada de PPK no parece que vaya a evitar esta tendencia. La CONFIEP surge en 1984, sin embargo, el modelo agro exportador lleva beneficiando a algunos de los actores que están detrás de esta organización por más de un siglo. Aunque pese al triunfo actual de la CONFIEP, no podemos negar que el pueblo peruano ha vivido una etapa de bonanza socioeconómica, con una reducción espectacular de la pobreza y el aumento de la clase media. Fenómeno que se debe al aumento de la productividad que elevó los salarios reales y al auge de los precios de las materias primas. Veremos pues si el modelo de inserción internacional de PPK, basado en la exportación de materias primas, será capaz de asegurar el crecimiento para la consolidación del progreso social alcanzado.

¿Será Perú capaz de asegurar tratados de libre comercio para mantener el nivel exportador ante la desaceleración de China? Es una estrategia que a Chile le ha funcionado en las últimas décadas, sin embargo, está por verse si Perú podrá aumentar su competitividad ante la competencia feroz de otros países que como Chile apuestan por la minería. Y aún en caso de que esta estrategia de buscar tratados de libre comercio a la chilena tenga éxito, es demasiado vulnerable y peligrosa pues depende en gran parte de la voluntad de terceros países, lo que implica que lo que hoy ha funcionado puede no funcionar mañana, pues el país no tiene autonomía del exterior siguiendo este modelo. Perú tuvo la suerte durante la pasada década en la que experimentó un importante crecimiento, de ser beneficiada por la demanda china, el auge del precio de las materias primas y la favorable cotización del dólar, aspectos que no controla y que no siempre van a acompañar al país, lo que demuestra su alta vulnerabilidad externa.

En definitiva, Perú tiene el gran reto de consolidar los avances realizados durante la última década y lo que se ha votado en las urnas no ha sido un proyecto para el país, sino, el revanchismo por parte de los que se vieron perjudicados por Fujimori o la nostalgia de aquellos que aun perciben ese gobierno como algo positivo. Aspectos superficiales en cualquier caso, pues el Perú necesita un proyecto serio y contrastado, lo cual hasta la fecha no ha sido discutido ni sometido a la aprobación del electorado.

Hace falta un proyecto de Gobierno que apueste por la superación del modelo primario- exportador, mediante la utilización de los ingresos que este genera, para la progresiva diversificación productiva del Estado; y en esto obviamente importan cuestiones como el capital humano, poco destacable en un país que pese a haber tenido un desempeño económico superior al de sus vecinos, no ha percibido mejoras sensibles en educación y sigue a la cola de América Latina.

Además, si bien es cierto que la democracia electoral está asentada, falta perfeccionar el Estado de Derecho, con un funcionamiento más transparente de las instituciones,y esto no es algo que los típicos slogans de campaña de ambos candidatos puedan resolver, pues hace falta para ello voluntad política. Veremos en el próximo lustro si PPK la tiene.

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