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Deportados de Venezuela denuncian su precaria situación en la frontera colombiana
Deportados de Venezuela denuncian su precaria situación en la frontera colombiana

Deportados de Venezuela denuncian su precaria situación en la frontera colombiana

Colombia/Venezuela (NA) –   Hace ya cinco meses la frontera entre Colombia y Venezuela se cerró después de que el Gobierno de Nicolás Maduro promulgara el estado de excepción en varios municipios del estado de Táchira, provocando así la deportación de miles de colombianos que se encontraban en los departamentos fronterizos de Venezuela.

Esta situación tuvo lugar en el marco de un ataque armado que se produjo el 19 de agosto, presuntamente cometido por paramilitares colombianos vinculados al contrabando de extracción.

El ataque dejó a tres militares venezolanos heridos de gravedad en la ciudad fronteriza de San Antonio del Táchira, lo que provocó que Maduro ordenara la suspensión de garantías constitucionales en varios municipios de la provincia y con ello el cierre de la frontera con Colombia.

Los acontecimientos llevaron a una campaña de deportación de ciudadanos colombianos al departamento de Norte de Santander, que a día de hoy se encuentran desamparados en la frontera de Colombia e intentan conseguir un empleo estable que permita mantener a sus familias.

Este es el caso de Neidy Caro Sanguino, que fue deportada el 22 de agosto de 2015, durante la crisis de la frontera, y que, una vez en Colombia, decidió cruzar la frontera para recuperar una motocicleta con la que trabajaba de moto-taxista.

Después de un tiempo, consiguió trabajar para una empresa de moto-taxistas que se encuentran en el sector. “A nosotros nos toca reubicarnos porque nadie nos va a ayudar. El Gobierno prometió que iban a ayudar a buscar un trabajo estable y míreme aquí, tuve que seguir trabajando de moto-taxista y ahora con la crisis de la frontera es más difícil conseguir clientes que transportar”, explicó la mujer a la agencia colombiana ‘Colprensa’.

Caro Sanguino, que fue separada de su hija pequeña durante la deportación y pudo reunirse con ella un mes después, asegura que en el albergue donde se refugió en Colombia tomó clases de peluquería. “Aprendí a hacer todo lo relacionado con peluquería. El conocimiento adquirido lo agradezco, pero sin dinero va a ser complicado montar mi propia empresa, pues aquí no gano mucho para poder ahorrar”, se lamentó la joven.

Otro caso es el de Arley Enrique Velazco, que cruzó el río Táchira para buscar refugio en el barrio de La Parada. Una vez en Colombia, consiguió un empleo lavando coches en un estacionamiento público con el que, al menos, conseguía alimentar a su familia.

Actualmente, se dedica a cargar maletas con una carretilla en el puente Simón Bolivar, ayudando a los viajeros que van o vuelven de Venezuela. “Al llegar al puente vi que muchas personas se rebuscaban cargando las maletas de los viajeros que iban o llegaban de Venezuela. Ahí pensé que esa era mi oportunidad para iniciar en un nuevo trabajo y arranqué” explicó a ‘Colprensa’.

El joven espera que el gobierno actúe para poder tener un empleo estable y así mejorar la calidad de vida de su familia.

Asimismo, Carlos Álvarez llegó a Colombia junto a su familia de manera voluntaria para evitar ser deportados por el Gobierno venezolano. Una vez en el país, se refugió en un albergue en Villa del Rosario, en la frontera.

Sin embargo, dadas las escasas posibilidades laborables, se trasladó con su familia al municipio colombiano de Bucaramanga. “Decidimos viajar a Bucaramanga porque nos dijeron que allá nos iban a ayudar a buscar trabajo. Cuando llegamos a la Terminal de Transporte, nadie nos buscó. Tuvimos que pasar la noche allí. Era muy duro ver lo que empezábamos a pasar, aún más triste ver que mis hijas, de 2 y 3 años, lo sufrieran con nosotros”, indicó Álvarez.

Un tiempo más tarde decidió regresar a Cúcuta, donde consiguió un puesto como zapatero. “Ese trabajo me dio para alimentarnos. Pues por fin teníamos un sitio para dormir y alimento para no pasar hambre. Antes de conseguir el trabajo fue duro para nosotros. Tuvimos que aguantar hambre. Las noches eran frías y tristes. Me dolía ver a mis pequeñas sufriendo por culpa de un gobierno que no nos respondió como debía”, dijo.

Al comenzar el año el joven se quedó desempleado y viviendo, junto a su familia, con un amigo. Ahora ha conseguido un trabajo como transportista de frutas y verduras y espera que el Gobierno colombiano le facilite un trabajo estable para poder pagar un lugar donde vivir.

En agosto de 2015 se registró una de las mayores deportaciones de colombianos desde Venezuela. A Cúcuta llegaron 6.129 personas en busca de refugio después de ser deportados desde Colombia.

 

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