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Reportaje Especial: Las manos de Michael Brown

LAS MANOS DE MICHAEL BROWN Jr.

Por Gocho Versolari

El nueve de agosto pasado, en Saint Louis. Missouri, un policía en servicio disparó y mató a Michael Brown Jr. de 19 años. El Diario Digital viene informando desde entonces con una amplia cobertura. Lo que sigue son una serie de reflexiones sobre el lamentable hecho que desde esa fecha ha despertado la cólera de la comunidad de Ferguson, donde ocurriera el incidente.

  Ferguson Protesters on Knee

Según las preliminares de la autopsia realizada a pedido de los familiares de Michael Brown por el Gobierno Federal, las heridas no mostraban restos de pólvora. Esto permite suponer que los disparos habrían sido a distancia. El informe señala asimismo que algunos proyectiles atravesaron las manos. Las habría usado como una instintiva, precaria e inútil protección. Muerto por un policía con varios años de servicio, no se explica que el mismo no haya usado alguna de las técnicas que permiten reducir a una persona desarmada sin tener que disparar.

Motivaciones ocultas, soterradas; odio racial; odio a secas: son los fantasmas que sobrevuelan los hechos. ¿Es que una vez más se repite la condena que surge del rumor desaforado e inclemente (como todo rumor) y que involucra a una raza?. Problema antiguo. “La Cabaña del Tío Tom” de Harriet Beecher Stowe, ya describía hacia 1850 la situación de la población afro americana; abusos, agresiones, abandonos, muertes. En Argentina, mi país, en 1865, la trágica Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, reclutó los morenos que poblaban Buenos Aires. Ellos morirían en el frente, como carne de cañón al servicio de la raza anglosajona, con la que se pretendía poblar el país. Desde entonces, Argentina se quedó sin el ritmo del auténtico del candombe; sin las danzas semanales en la zona de San Telmo; sólo se conserva esta maravillosa música como parte de algunas milongas. Desde entonces, en Argentina no hay morenos.

La Biblia menciona el ritual del chivo expiatorio. Cuando los hebreos, cruzaban el desierto para dirigirse a la Tierra Prometida, era frecuente que de pronto llegaran el hambre, la enfermedad o la muerte. En los momentos más críticos, la comunidad colocaba las manos sobre un chivo con la intención de cargarlo con los pecados y las angustias del pueblo. Luego lo echaban al desierto para que muera de hambre. Muchas veces en la historia, el narcisismo feroz de grupos dentro de una comunidad, requiere de un enemigo que lleve en sus espaldas nuestras miserias. Eso los ayudaría a sentirse puros, santos, inmaculados y no tardarían en autoproclamarse los nuevos cruzados en una guerra contra el mal encarnado en los otros; llámense judíos, cristianos o morenos.

Luego que Colón llegára a este continente, los portugueses recorrieron las costas africanas, inaugurando el tráfico de esclavos. Américo Vespucio, al que se le adjudicara el descubrimiento, llevaba en sus barcos habitantes originarios de África para vender en las plantaciones del nuevo continente. Los cautivos recurrían a rituales mesiánicos; a ser poseídos por espíritus o sumergirse en lejanas y utópicas visiones. Esos cultos, que tenían vigencia en sus culturas, no podían impedir que se los siguiera  explotando o matando. Ofrendas que se pierden; invocaciones que no son escuchadas. Los viejos cultos, que con el tiempo recuperarían gran parte de la eficacia, eran entonces como las manos de Michael Brown, que el nueve de agosto, se levantaron vanamente para detener los disparos.

Michael Brown sería así la víctima universal; el símbolo del afro americano que muere una y otra vez desde tiempos inmemoriales. Mártires propiciatorios del odio, sea cual fuere la forma en que se presente.

La madre de Michael Brown no admitiría esto. Su hijo no era un símbolo, sino un ser humano que gozaba y sufría. Alguien que en el inicio de la juventud, tenía las posibilidades totales de una vida. Incluso de corregir sus errores, si los tuviera. Nadie busca ser mártir. Lo sagrado es la existencia, con sus risas, sus llantos; con el impulso que la lleva más allá de sí. En otras palabras, Michael Brown no hubiera tenido que morir.

 “Hands Up! Don´t Shoot!: es el estribillo básico de las marchas reclamando justicia. Las manos. Arriba, en actitud de sumisión, de entrega; acribilladas después. Durante mucho tiempo, las manos de Michael Brown seguirán levantándose; seguirán intentando detener la muerte y preservar la vida.

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