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Los ingredientes mágicos, por Myrta Vida

San Luis, Enero 23, 2014.

por Myrta Vida.

Desde que era pequeña he sido fanática de los espectáculos de magia. Cuando tenía ocho años le rogué y rogué a mi madre que me comprara un kit de magia. (Sí, amable lector: Soy una nerda.) Después de haber llevado a cabo una serie de tareas asqueantes de índole doméstica y de comerme todos mis vegetales sin una sola queja por una semana entera, el kit mágicamente apareció al pie de mi cama. Chillé y abracé a mi madre tan fuerte como una niña de diez años de edad pudiera, y me encerré en mi habitación para convertirme en la próxima hechicera maravillosa. Susurré “abracadabra” cuando abrí el kit. Tenía todo lo que un maguito pudiera necesitar: barajas, un sombrero de copa plegable, flores de tela, una varita mágica, pañuelos multicolores, anillos de metal, y hasta un conejito de felpa. Hasta la fecha, me acuerdo de la sensación que sentí cuando inspeccioné el kit, ese gran tesoro de trucos y juegos. La felicidad por poco me hinchó las sienes.

Después de examinar el contenido del kit cuidadosamente, lo puse al lado, agarré mi diario, y empecé a escribir. Luego de varias horas, había escrito una historia corta sobre un mago cuyo ex-asistente, sintiéndose desdeñada, hechizó a su nueva asistente y la convirtió en una conejita. Fue una historia pésima. Las niñas de diez años tienden a usar las palabras “miradas intensas” muy frecuentemente. Después de que termine de escribir la historia, aprendí dos cosas. La primera lección es que yo no iba a ser una ilusionista. El kit se sentó en la cama, muriéndose de la risa, mientras que yo segui creando mundos en mi diario. La segunda lección tuvo más agarre, ya que me di cuenta a tan temprana edad que si uno quiere crear algo deben haber dos ingredientes, pues, mágicos: la disciplina y la pasión. Estos ingredientes deben estar presentes en cualquier vehículo artístico, especialmente en la literatura.

– La Disciplina: Al igual que cualquier buen truco de magia, ningún buen libro se ha escrito sin labor. Todos los magos exitosos practican sus trucos de cartas por lo menos diez horas al día. Tanto tiempo invertido, ¡a veces en un solo truco! El mago practica y practica hasta que ha desarrollado una familiaridad con sus herramientas y dominado su rutina. Este principio se puede aplicar a la creación literaria. Si uno escribe sólo cuando las sirenas cantan, se va a estrellar en su búsqueda por un tesoro elusivo. Pero si la meta es crear algo que explora al ser humano y su ambiente de una forma perspicaz y entretenida, hay que adaptar y manipular las técnicas literarias día tras día. El gran autor Ernest Hemingway mencionó frecuentemente que el escribir todos los días requiere disciplina, y sólo con la disciplina se engendra algo maravilloso.

– La Pasión: El estar MUY ENTUSIASMADO acerca de algo, y sentir una pasión consumidora no son la misma cosa (Prueba #1: el kit de magia ya polvoriento y perdido en algún armario). La pasión no es efímera: es intensa, obsesiva, exigente, exasperante, y siempre, siempre está presente. Cualquier buen artista sabe que el buen arte no se crea solamente basado en la necesidad económica o para saciar el ego. El arte imperecedero se crea, en gran parte, porque es todo en lo que puede pensar el artista. En algunos casos, es todo lo que el artista sabe hacer. Un buen mago necesita impresionar a su público a través del desempeño. Un buen escritor necesita hacer lo mismo para sus lectores a través de sus palabras. El intentar hacer cualquier otra cosa se siente inútil.

Creo que es evidente cuando una novela o una historia se han escrito apresuradamente. Por eso es que mis libros favoritos son los que se han escrito con los ingredientes mágicos. Y es también por eso que la literatura ha sido una parte de mí día a día. Cuando mis amigas me preguntan bromeando cuál de

ellas es mi preferida, siempre respondo: “la literatura”. (Es la verdad, y también es mi forma de hacer que mis amigas no se peleen entre sí, uf!) Al fin, el escritor -como el mago- debe ser disciplinado y apasionado. Desafortunadamente, estos ingredientes no siempre se encuentran al conjunto. Por eso son tan mágicos y por eso es que el producto es mágico también.

Aunque mi carrera como maga empezó y terminó en un día, todavía disfruto mucho al ver trucos de magia. La única razón por la cual he ido a Las Vegas es para ver los espectáculos de los ilusionistas. De vez en cuando, mientras camino en alguna ciudad, me percibo de un mago callejero. En una mesita improvisada, el mago destaca el truco antiguo de esconder una nuez bajo una de tres barajas dobladas. Me deleita el ver al mago mover las barajas de un lado al otro mientras trato de percatarme de donde está la nuez. Casi siempre pierdo y el mago gana par de dólares. Pero mi perdida no me molesta ya que puedo apreciar su disciplina y pasión por tratar de entretenerme e impresionarme. Qué puedo decir, me encanta ser maravillada.